Sábado 26 de julio de 2014
Querido Dios: Me parece mentira pero parece que tengo la
mente en blanco, estoy tranquila y he tenido un buen día. Tal vez… Siento un
vacío, un vacío sereno. Tal vez se podría decir que es calma reconfortante…
Calma que ha terminado cuando me he hecho consciente de que me dolía el
estómago y he ido al baño a vomitar. Me estoy haciendo mucho daño con esta
nueva costumbre que estoy adquiriendo de devolver pero parece que tengo una
necesidad muy grande de hacerme daño. Si no es de una manera es de otra. Tengo un
agujero en el alma y lo tengo que llenar de alguna manera. Sé que no debería
hacerlo pero no puedo parar. Como demasiado porque tengo una gran necesidad de sentir
algo aunque sea dolor.
Siento que tengo la vida acabada aunque en ocasiones siento
un atisbo de vida. Bueno tal vez podría decir que lo que siento es más vida,
más ganas de seguir… Lo que tengo claro es que no tengo las ideas muy claras.
Creo que lo que me está ocurriendo es que estoy en un proceso de mejora. Y de
este modo tengo dos modos de pensar uno “patológico” y otro “sano”.
Mi Dios tengo ganas de salir de esta desidia y tener un
motivo que me llene, que me dé motivos para seguir, que le dé un sentido a mi
vida. Creo que soy demasiado ambiciosa. Tal vez me deba conformar con centrarme
en el presente, en los detalles cotidianos.
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