Querido Dios: Ahora que los niños se
han dormido y mientras Timoteo lee una de sus revistas de pediatría me he
decidido a escribirte.
Me parece mentira pero ya casi han
pasado cuatro años desde que nos conocimos… En este momento tengo todo lo que he deseado
en la vida. Los pequeños están sanos y nosotros estamos cada día más unidos.
Hoy tengo ganas de volver la vista atrás y recordar cuando nos conocimos…
A pesar de
que me he propuesto contarte mi fantasía creo que no puedo seguir hacia delante.
He empezado de una forma muy diferente, aquí he plasmado lo que realmente
quiero, una familia propia. Pero en las fantasías que llevo teniendo estos días
lo que imagino es como un hombre guapo, simpático y con cuerpo atlético me
conquista. Supongo que he vivido diferentes conquistas y también me he
imaginado muchas otras pero nunca hasta ahora he sido capaz de escribir mi verdadera
fantasía, vivir con mi familia. He soñado muchas veces con encontrar el padre
de mis hijos pero nunca he sido capaz de pensar en mí con él, compartiendo mi
vida con esa persona.
El haber
tenido dos sobrinos mellizos hace que mis ganas de ser madre aumenten. Y ese
deseo hace que quiera encontrar a un hombre para formar una familia y como
parece que esto no me ocurre en la realidad recurro a la fantasía para
lograrlo.
Se que es
muy penoso llegar a escribir esto pero lo que quiero es ser absolutamente
honesta conmigo misma, al menos lo más honesta que puedo ser.
Realmente
lo que quiero en este momento es dormir para despertarme mañana despejada y
ponerme a estudiar para mis próximos exámenes.
Gracias por
estar siempre a mi lado aunque no sea consciente de ello.
Tuya: